El ohanami de mi laboratorio fue programado para el día domingo pasado, el lugar, el Parque Conmemorativo de la Expo’70 en Osaka, localizado en el suburbio de Suita, que es donde yo vivo, muy cerca de la Facultad de Medicina y del Hospital Universitario.
Para los que no sepan o no lo recuerden, cada cierta cantidad de años se hacen exposiciones mundiales publicas, las cuales son consideradas el tercer evento periódico mas grande del mundo después de los mundiales de fútbol y las olimpiadas; dichas exposiciones se vienen realizando desde hace mas de 150 años en diferentes ciudades del planeta, que por unos meses se convierten en las capitales mundiales de la tecnología, educación, ciencia y cultura mundial, permitiendo el intercambio cultural, participando en la búsqueda activa de soluciones a problemas de actualidad, además de darle una imagen a los países participantes que marque su identidad. Estas exposiciones en suma buscan como objetivo reflejar y causar impacto en temas universales en el amplio espectro de la experiencia del ser humano.
Para este tipo de eventos, el país organizador se encarga de desarrollar obras monumentales y colosales que sobresalgan y permanezcan en la memoria de generaciones futuras, en este sentido, el año 1970, en pleno crecimiento japonés, se escogió Suita, en ese entonces un suburbio alejado del centro de la ciudad de Osaka para construir los Pabellones, Estadios y un enorme monumento recordando este evento.
El sitio donde se realizo la Expo’70 se convirtió años después en un Parque inmenso conocido como Banpakukinenkoen, o Parque conmemorativo de la exposición, cuyo símbolo principal, el Taiyo-to o la torre del sol, una estructura de 75 metros de altura, se ve a varios kilómetros de distancia, el parque es muy visitado por los atractivos que tiene, como los clásicos jardines y el museo de etnología, así como por la gran cantidad de campos deportivos que hay dentro de sus límites.
Sin embargo en esta oportunidad ir a ver el Museo o hacer algo diferente a ir de día de campo hubiera sido prácticamente imposible, el lugar estaba absolutamente lleno, incluso hubo que caminar un poco mas de la cuenta para poder pensar donde podíamos instalarnos ya que nuestro grupo no era muy pequeño de digamos, al final se encontró un buen sitio y comenzó el ohanami propiamente, que era a lo que habíamos ido.
Fue un buen día, conversando, hubo bastante comida, un profesor llevo unas botellas de vino, sake, y un amigo trajo las cervezas, que son una tradición en este tipo de celebraciones.
E incluso hubo quien trajo una guitarra con sus cancioneros, los cuales estaban obviamente en japonés, igual se hizo lo que se pudo.
Como mencionaba en el post anterior, en esta época se inician los años académicos en Japón, y por lo tanto también los de Postgrado, se dio la bienvenida a unos médicos recién llegados a hacer investigación, se felicitó a dos chicas por haber ingresado al Doctorado luego de haber hecho investigación durante 6 meses, se despidió a una bióloga muy buena gente que esta yendo a un Post Doctorado en Boston, y yo me sentí mejor al darme cuenta que ya estaba en Segundo año de Doctorado y ya no estoy tan abajo en la cadena de mando del laboratorio; en resumen, todos estaban contentos.
Hoy, solo unos días después del ohanami, los pétalos de sakura ya están comenzando a caer, dejando finas alfombras en el suelo de los parques, el clima esta cada vez mas cálido y húmedo, y la época de lluvias llegará pronto, sin embargo, estar sentado bajo uno de estos árboles, en contacto con la naturaleza, te permite abstraerte por un momento a pesar de la multitud, sentir el viento empujar las ramas y ver caer estos copos de algodón ininterrumpidamente, al menos para mi, es una experiencia que te saca de la rutina y te sitúa frente a un cuadro pintado en una primavera, colgado hace mucho tiempo.
Una vez leí en un viejo libro que un niño conversaba con un anciano acerca de una experiencia vivida en un bosque mágico, y le decía que era como estar dentro de una pintura, la verdad en ese momento creí entender de que se trataba, pero no sabía cuanta verdad podía encerrar esa frase.
No solo en los cuentos uno puede sentirse dentro de una pintura.
Hasta el otro año, sakura.