jueves, noviembre 16, 2006

A la vueltita del cerro



Corría el año 1993, más de media promoción de la Universidad de viaje con el objetivo de desafiar el famoso camino inca, el primer día llegamos al Cusco, y al día siguiente en la mañana, previa bombita, rumbo a Ollantaytambo para hacer un poco de canotaje y prepararnos para el día siguiente, el camino.
De más está decir que la preparación para caminar al día siguiente para gente de 19 o 20 años, de campamento, y que se conocen entre todos, degeneró en una bomba brutal que terminó cuando se acabó el trago, no pregunten la hora.
Al día siguiente, nos despertó la temperatura bajo cero, por otro lado la resaca y el hambre fueron compañeros nuestros durante el primer día de caminata, yo tenia un mapa para ubicarnos, ya que los guías estaban bastante separados dentro del grupo, y con unos amigos decidimos quedarnos al final para ayudar a los que se iban quedando (craso error)
A las pocas horas de iniciado el camino, comencé a preocuparme un poco ya que primero nuestro guía nos perdió, y estuvimos andando por las cimas de los cerros unas 3 horas, lo cual fue agotador, y luego al retomar el camino nuestro grupo empezó a crecer por la gente que se estaba quedando, uno de mis amigos en un momento de distracción casi cae al acantilado, suerte que un árbol en el mismo borde detuvo su caída lo suficiente para que yo llegue a agarrarlo, en fin, las cosas no pintaban bien, en eso veo a una señora jalando un burro, que se estaba acercando, y le pregunto muy educadamente –señora, Buenos días, por favor, donde queda Huayllabamba?-
La mujer casi sin mirarnos respondió: -A la vueltita del cerro nomás papá…- y continuó su camino
-Que bien!!- estúpido yo, y estúpidos todos los que nos la creímos, -ya está cerca!!!-
Con ello tomamos nuevos bríos, sin embargo pasaron las horas y los cerros, y no sabíamos a la vueltita de qué cerro nos había dicho la bendita mujer, y al rato, un par de amigas nuestras ya no querían avanzar, entre palabras suaves y ayudándolas con las mochilas, fuimos caminando, entonces pasó lo que nos temíamos, nosotros también nos empezamos a cansar, y ahora que me acuerdo causa gracia, pero en ese momento no se nos ocurrió otra que pasarnos los bultos de rato en rato entre los hombres, mientras uno o dos caminaban libres, en ese momento hasta una botella de agua pesaba, y así caminando vimos pasar a un señor y a su hijo, y les hicimos la misma pregunta
-A la vueltita del cerro nomás papá….-
-Gracias….- En ese momento ya estaba demasiado cansado para maldecir y/o insultar a la gente, luego de un trecho, tres personas mas, campesinos de la zona, respondieron de la misma forma.
Al final, luego de 13 horas, alcanzamos el pequeño poblado de no mas de 10 casas donde venden las galletas de soda mas caras del mundo, y donde el sublime que me comí (lo tenia guardado en la mochila), me ha parecido el manjar mas delicioso que haya probado alguna vez.
Los días siguientes no fueron tan pesados, supongo que el primer día fue tan agotador en parte por la resaca, pero en parte también por la falsa esperanza de encontrar algún lugar de reposo a la vueltita del cerro o “acasito nomás”, claro esta que no volví a hacer esa pregunta durante los tres días siguientes del camino.
6 años después, en una geografía algo diferente, en plena ceja de selva, nos internábamos con una enfermera machete en mano abriendo la vieja trocha para llegar a un anexo apartado de mi posta en el SERUMS, por la campaña de vacunación, salimos temprano de la posta y luego de caminar un largo trecho ya era mediodía, aunque sabia que ese era el camino, me preocupaba que nos hubiéramos pasado de largo del lugar donde había que doblar, en eso pasa una señora cargando un bulto enorme en la espalda, con dos niños atrás caminando, y le pregunto: -señora, Buenos días, por favor, donde queda Vista Alegre?-
La señora, señalando el camino de donde ella venia dijo -A la vueltita del cerro nomás papá….-
Un flash back, deja vu, o como lo quieran llamar llegó en ese instante, mire el sol de mediodía, la cantidad de agua en la cantimplora, la cara de ecuación de la enfermera, y sonreí…
-Gracias madrecita-
-De nada papá…-

2 comentarios:

alfredo dijo...

yo me aso cuando me responden asi y les sigo preguntando hasta que responden

es tema de insistir como loco

Nam dijo...

Al principio a mi también me reventaba, pero después me dí cuenta que para la mayoría de ellos en realidad es a la vueltita del cerro, no sé como pero en esa geografía tan accidentada donde tienes que saber donde pisar, ellos vuelan.
Claro que también están los otros, que lo hacen solo por fastidiarte la vida.