miércoles, febrero 20, 2008

Crónicas de una radiola

Hace unos días escuchando música por Internet, me encontré con una canción que me trajo recuerdos de la infancia, de discos de vinilo y la vieja radiola de mi papá.

La verdad es que no tengo memoria del momento exacto en que mi padre me enseñó a usar la radiola de la casa, desde que tengo recuerdos (mas o menos los 4-5 años) las imágenes que conservo son de un uso bastante diestro del tocadiscos, tanto con los discos de 45 rpm (con ese tubo que había que poner al medio) como con los LP de 33 rpm.

Si tengo alguna curiosidad por la música, pues es gracias a que este señor siempre que podía (que era casi a diario) me hacía escuchar sus discos de vinilo, tanto es así que me sabia de memoria tanto las polkas, los valses (Embajadores Criollos, Carmencita Lara, Jesús Vásquez, La limeñita y Ascoy, etc) al mismo tiempo que las canciones de Yola Polastri (por eso pesqué La Feria de Cepillín desde la primera línea de En el Banco de la Nación) y además algunos otros discos infantiles como el ratón vaquero, y otros que ya no me acuerdo.

Justamente dentro de este grupo de discos misceláneos, hubo uno de 45 rpm al que yo era bastante apegado, y supongo que me llamó la atención porque se escuchaban voces infantiles en el coro.

Era un disco de 45 rpm, la parte donde iba el nombre de la canción era de color naranja y la canción del lado A fue la ganadora del Festival OTI 1977, cantada por Guayo González

El título de la canción: Quincho Barrilete.

Indagando a través de la red, me enteré (recién) que esta canción, que representó a Nicaragua en aquella ocasión, fue compuesta por el señor Carlos Mejía Godoy, un conocido compositor nicaragüense, quien se inspiró en la historia de un niño, hijo de un hombre encarcelado por el régimen de aquellos tiempos, que intentaba hacer volar su cometa (barrilete, en Nicaragua) mientras él lo observaba y escuchaba de los vecinos las circunstancias en que su madre falleció, el nombre de su padre era Joaquín, cuyo diminutivo en Nicaragua es Quincho.

Quincho Barrilete cuenta la historia de un niño menor de 10 años que vive con su familia en una de las zonas mas pobres de Managua, luego del terremoto que asoló la ciudad ese año, cuya madre trabaja todo el día, mientras él trabaja vendiendo lapiceros en los buses.

Yo era muy pequeño para entender la letra de la canción, y aun mas con ese vocabulario, ya que casi la mitad de la canción tiene términos bastante locales, sin embargo, crecí cantándola de memoria, y si bien poco a poco fue relegada con el paso de los años, siempre quedó en ese lugar de la memoria donde los recuerdos se guardan como un tesoro.

Pasó el tiempo y encontré nuevamente a Quincho Barrilete, averigüé que significa cada una de las palabras que no entendía, y no pude hacer menos que sonreír al darme cuenta cuan sutil puede ser la música para dar a entender el sentimiento de una nación en un momento determinado de su historia…y yo la cantaba de memoria a los 4 años.

A lo largo de mi vida encontré muchos Quinchos Barrilete, uno que otro más de cerca, chicos que cambian o comparten el colegio con la chacra, la puerta de un microbús como cobradores o un puesto en el Mercado, historias detrás de aquellos chicos de mi edad con quienes alguna vez incluso hasta compartí carpeta.

Aunque nunca se lo pregunté, creo que mi papá siempre supo de qué trataba la canción, y creo que por eso la compró.

Es curioso y a la vez desalentador que 30 años después, las mismas razones que inspiraron su creación sigan caminando por las calles en nuestros países, solo con otras caras y otros paisajes.

Y también es curioso que una canción te traiga tantos recuerdos juntos de una época en que no había mayores preocupaciones que encontrar el soldadito de plástico que dejaste debajo del sofá o de parchar la pelota mordida por el perro del vecino.

Y también, como dice la canción, de aquellos tiempos cuando salías temprano con un pabilo amarrado en un trozo de madera y tu cometa hecha en casa, y la veías volar, libre y cada vez mas arriba, guiada por el viento.

Libre y guiada por nuestros propios vientos, como la imaginación de los niños que alguna vez fuimos todos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...





Desgraciado maldeto!!!
Te extranho cujudu :(




:P



Anónimo dijo...





Ahora si!
recien pude leer el post...
Pucha esa cancion es antiguaza!, vale decir que no es de mi tiempo porque yo soy jovencita :P

Que pena que despues de 30 anhos las cosas no hayan cambiado mucho...


El perro andaluz dijo...

Pucha, se me puso todo sepia. Esa canción la escuché hace mil años y jamás repare en su letra ni me la aprendí tampoco.
Has removido algunas capas de mi corteza cerebral y creo que un programa argentino usaba el tema para su presentación.
Cómo diría Schatz: mil puntos para el viejómetro.
Saludos.

Azabett dijo...

Estimado Nam... muchas gracias por el comentario que dejaste en mi blog. Espero que te esté yendo muy bien en tu aventura en Japón. Debe ser muy dificil estar tán lejos.

Muchos abrasos, desde Chile.

Kevin Halftermeyer dijo...

estimado nam...yo soy de Nicaragua.

solo escribia para hacer la aclaracion de que "boli" (que era lo que vendia quincho en los buses) no son lapiceros ni nada por el estilo....sino hielo saborizado empacado en bolsas de plastico.. su precio oscila entre 50 cents. y un cordoba (algo asi como entre 3 y 6 centavos de dolar.