domingo, enero 13, 2008

Hojas verdes

Ayer mientras conversaba con mi esposa acerca de las celebraciones de Año Nuevo, recordamos la ultima vez que pasamos Año Nuevo como novios, fue en mi SERUMS, en un Restaurante Campestre, propiedad de un familiar de un amigo en común, hubo un grupo reducido de amigos, buena comida, un buen vino, y pudimos disfrutar del silencio que la noche regala a quienes se internan por un corto tiempo en lugares apartados del mundo urbano al que pertenecemos.

Sin embargo, este post no habla de como un joven médico pasó un Año Nuevo con su novia hace 8 años sino de lo que sucedió un par de días después.

En aquella oportunidad, por obra y gracia de la SubDirectora del Hospital Cabeza de Red, trabajé el 31 de Diciembre, este trabajo no lo hice en mi Posta sino que me llamaron a que cubra turnos de Consultorio en el Hospital mientras los médicos encargados obviamente desaparecían en un tronar de dedos (derecho de piso le dicen) dejándonos a los serumistas a cargo de todo.

Al volver a mi Posta, el 2 de Enero, la enfermera (que vivía en la Posta) me cuenta que un niño había fallecido, y que el padre me estaba buscando para que le firme el Certificado de Defunción.

Apenas escuché eso, pues vino el sobresalto, y las preguntas clásicas como, que pasó, cuando falleció, si vino aquí, si yo lo conocía, vinieron tan rápido que la enfermera no sabía cuál responder primero.

Cuando se te va un paciente, un cúmulo de sentimientos encontrados y sensaciones poco agradables pueden acudir a ti, pero si este paciente es un niño, elévalo a la n potencia y aun así no tienes ni idea de lo que se siente.

Ya estaba comenzando a agarrarme de cabezazos contra la pared cuando la enfermera me contó la historia:

Resulta que, en efecto, ese niño fue llevado por su madre a la Posta hacía aproximadamente un mes, al recibir la descripción de la madre y del niño los recordé, en realidad, el niño de unos 9 meses de edad venía en aquella ocasión por un control, tenía un leve problema nutricional, y había estado resfriado los últimos días, le deje unos sintomáticos de acuerdo a su peso, consejos nutricionales y le pedí a la madre que lo traiga la semana entrante.

Nunca lo trajo de vuelta.

La enfermera me contó que, una semana después en sus visitas domiciliarias encontró a la madre y le recordó la cita, a lo que ella respondió que iría pero que ahora no estaba viviendo en la casa que tiene en el pueblo sino en su chacra, y que el niño estaba allá, lamentablemente no volvió.

En medio del relato apareció el padre del niño, quien luego de saludar me pidió que por favor le firme el Certificado de defunción…

Aquí un punto aparte, el Certificado de Defunción solo puede ser expedido por dos médicos, el que atendió al paciente en su última enfermedad o el que certifica que en realidad el paciente ha fallecido; y yo no era ninguno de los dos.

Sin embargo, yo era el único medico en kilómetros a la redonda, y solo mi firma podía permitir que la municipalidad autorice a este señor a sepultar a su niño.

Solo tenía una cosa por hacer, ir a la casa del señor, entrar al velorio, verificar el fallecimiento… y que este no haya sido por alguna razón que me tenga sentado frente a un Juez declarando, el padre entendió mi posición y accedió a guiarme a su casa en el campo.

Fuimos en auto hasta donde nos permitió la generosa geografía de la ceja de selva peruana, y desde ahí 3 horas a pie bajo el abrasante sol en subidas y bajadas me hacían reconsiderar si no hubiera sido mejor firmar el dichoso papelito, hasta que al final de la subida mas larga, llegamos a una meseta donde estaba asentado el poblado anexo donde vivían unas 10 familias, entre ellas la del señor.

En medio de la meseta, unos hombres con serruchos y lijas estaban haciendo un pequeño ataúd, el padre se dirigió hacia la izquierda, donde se llevaba a cabo el velorio, pude notar la cara de sorpresa de la gente al verme aparecer en medio del cuarto principal de la casa.

Conversamos con la mamá, le pedí que por favor me acompañara a revisar al niño, mientras le pedía que por favor me comente lo sucedido; al contrario de lo que yo suponía, la mamá estaba bastante tranquila, me comentó que el niño mejoró discretamente y por eso no lo llevó a la posta, pero una semana después un cuadro de diarreas y fiebre hizo que los padres lleven al niño a la ciudad, sin embargo no fueron al Hospital, sino a ver a un médico particular.

Este médico le dejo una medicación intramuscular (vi la receta), y lamentablemente el niño empeoró los síntomas progresivamente, los días siguientes presentó edema generalizado y finalmente falleció el día previo.

Al pensar en dónde estuvo el punto de quiebre que llevó a este desenlace, uno piensa en varias cosas, como en porqué no volvió a la posta, ¿es que acaso no les agradó el servicio? ¿O es que el médico no les inspiró confianza?

¿Es posible que los padres, al no tener información, simplemente hayan pensado que al llevarlo a la ciudad iba a tener mejor tratamiento?

O es posible que simplemente el sistema no funcione, como en muchas partes, si los sistemas de salud tienen fallas incluso en países desarrollados, en el Perú el sistema de salud esta en pañales sucios, gotea por todos lados.

En un sistema de salud óptimo, con una familia educada y concientizada este niño hubiera vuelto así los síntomas mejoraran, no hubiera saltado pasos previos y probablemente de acuerdo a la severidad de la enfermedad hubiera terminado en el Hospital siendo manejado y recibiendo al menos una oportunidad, lamentablemente la falta de información y en gran parte la falta de confianza que inspira el sistema de salud en todos sus niveles hace que la historia de ese niño se repita en muchos otros sitios con finales igual de dramáticos.

Hubiera pensado que el problema aquí era la falta de dinero, sin embargo esta vez no fue el caso, plata hubo, la cantidad de cajas de cerveza en la mitad de la meseta me lo decía, el alambique donde fabricaban el aguardiente que comercializaban también, ni tampoco la falta de interés o el descuido de los padres, el hecho de que realizaron un viaje algo largo hasta la ciudad desde su chacra con el propósito de que su niño sea atendido lo muestra.

Firmé el Certificado de defunción mientras escuchaba al padre mencionar que el médico particular que lo había atendido y le había dejado la Amikacina para la diarrea no estaba en su casa en Año Nuevo, y volví a la posta pensando en cuanto tiempo tendrá que pasar hasta que se tenga un Sistema de Salud que inspire confianza y eduque a su población.

Mientras regresaba, con la garganta seca producto del aguardiente que ingerí de un solo golpe al recibir el ofrecimiento del vaso de “agua” según el padre en medio del inclemente calor, y del que me di cuenta demasiado tarde, también pensaba en que manera este episodio afectaría mis futuras decisiones o si simplemente quedaría en algún lugar de la memoria donde los recuerdos pierden ese nombre.

Ocho años han pasado, y mi primer Certificado de Defunción debe todavía estar anexado en algún empolvado archivador en la Municipalidad de aquel lugar tan pequeño en la montaña, así como también esta guardado en un pequeño lugar de mis recuerdos, donde están todas aquellas cosas que debes recordar para no caer en errores propios y ajenos.

Hoy leo por las noticias que hay una nueva huelga del sector salud, no conozco los términos ni las peticiones, pero con recordar en qué condiciones se trabaja, y el desorden que existe, no es muy difícil imaginar qué es lo que están pidiendo.

No todas las historias tienen finales felices, ha pasado tanto tiempo y tanta gente, y parece que no hemos aprendido siquiera que para hacer una casa, necesitamos planos, materiales y albañiles.

Talvez esto sucede porque quienes toman las decisiones solo se preocupan por lo que le falta a la gente cada 5 años.

Pero eso, talvez, sea otra historia.

8 comentarios:

Yani dijo...

Hola Nam,

el tono en mea culpa del sector salud hace de tu post una historia justa en donde permanece el sabor conocido de reconocer la distancia frente a otras regiones y realidades mas adelantadas.

De otro lado y por esas cosas de que estamos en un mundo cada vez mas 'global'... no hablemos de Africa porque esa también es otra historia.

Abrazote!
Yani

Anónimo dijo...




Bien que te gusto el "agua" oe!
si no te conociera..

Salud!


Pd: Que lindo header :)



Gigi dijo...

Triste realidad.
A seguir adelante confiando en que las cosas mejoraran
Al menos eso hace mas llevadera la existencia no?

Apapacho

El perro andaluz dijo...

Imagino que en tu carrera de Médico te vas a enfrentar a tipos parecidos de situaciones y tendrás que actuar según lo que te dicte hacer ese memonto. No queda otra. El sistema siempre nos tragará y la única manera de hacerle frente, es obrar con corrección y buena voluntad.
Saludos y un abrazo a tu familia.

JORDAN MARTÍN JÁUREGUI dijo...

... y pensar que quiero ser médico

María Isabel Guerra dijo...

Qué poco se aprende, no?

Un beso.

Angieypunto dijo...

Imagino cuánto te ha marcado ese primer caso, especialmente por tratarse de un niño.
Nuestro sistema de salud sigue estando igual que el educativo, hasta el queque.

Saludos

Dragón del 96 dijo...

Siempre he creido que los que están detrás de estas huelgas juegan con las vidas de las personas para que sus intereses se resuelvan pronto. Y no sé si ser médico es lo más frío que uno pueda ser.

Slaudos.